Reflexion Semanal del Padre Vanderley

A mi querida familia de San Clemente

 

Hay momentos en la vida en los que las palabras parecen insuficientes para expresar lo que sentimos en el corazón. Este es uno de esos momentos. Hoy, al celebrar mis últimas Misas con ustedes como su párroco, después de dos años y cuatro meses caminando juntos, quiero expresarles mi profundo cariño y gratitud.

Como ya saben, el próximo 2 de noviembre comenzaré una nueva misión como párroco de San Patricio, en Norcross, una parroquia con más de 4,500 familias. ¡Imagínense cuánto me voy a divertir por allá! Bueno, mejor dicho, ¡cuánto trabajo me espera! Pero así es nuestra vida sacerdotal: ir a donde la Iglesia nos necesita, confiando siempre en la gracia de Dios.

San Clemente fue mi primera parroquia como párroco en la Arquidiócesis de Atlanta, y siempre ocupará un lugar muy especial en mi corazón. Amé esta comunidad, amé celebrar con ustedes, compartir sus alegrías, sus preocupaciones y acompañarlos en su camino de fe. Quiero agradecer de corazón a todos los grupos, ministerios, líderes, servidores, voluntarios y empleados que trabajan con tanto amor por nuestra parroquia. Ustedes son su mayor riqueza.

Y un agradecimiento muy especial a quienes cuidaron de mí: a los que se preocuparon por mi salud y bienestar, me llevaron comida, me hicieron regalos, me ofrecieron su amistad y me demostraron su cariño de tantas maneras. Ustedes no solamente cuidaron del sacerdote, sino también del ser humano que está detrás de la sotana. Nunca olvidaré tanto amor.

Por mi parte, procuré dar siempre lo mejor de mí. Me esforcé por hablar el mejor inglés posible y también el mejor español, aunque esto último fue un verdadero desafío. Entre mexicanos, guatemaltecos, hondureños, salvadoreños y tantas otras nacionalidades, ¡a veces ya no sabía qué español hablar! Pero hay algo de lo que estoy seguro: con todos ustedes procuré hablar un idioma que no necesita traducción: el lenguaje del amor. Y ustedes me respondieron con muchísimo amor.

Además, ¡ustedes nunca habían tenido un sacerdote brasileño! Y de repente llegó uno de Brasil, esa tierra de fe, de fiesta y de alegría. Tal vez traje un poquito de esa alegría brasileña a San Clemente, pero puedo asegurarles que recibí de ustedes mucho más de lo que pude ofrecer.

Hoy también quiero pedirles perdón, de todo corazón. Si en algún momento mis palabras, mis actitudes o mis decisiones hicieron sufrir a alguien, si provoqué lágrimas, si no supe escuchar, comprender o dar la atención que alguno de ustedes necesitaba, les pido sinceramente que me perdonen. Nunca fue mi intención lastimar a nadie. Soy un sacerdote, pero también soy un ser humano, con debilidades y limitaciones. Si en algo les fallé, les pido perdón con humildad y cariño.

El Padre Arturo Merimman será el nuevo Administrador de San Clemente. Les pido que lo reciban con el mismo amor, generosidad y atención con que me recibieron a mí. Cuídenlo, acompáñenlo y recen por él. Amen a su nuevo pastor y continúen construyendo esta hermosa comunidad.

Es muy significativo que nuestra despedida coincida con la solemnidad de Todos los Santos. Esta celebración nos recuerda que, unidos en Cristo, seguimos siendo una sola familia, incluso cuando la vida nos lleva por caminos diferentes. Me voy de San Clemente con las maletas llenas de recuerdos, pero, sobre todo, con el corazón lleno de amor y gratitud. Vine para ser su pastor, pero ustedes también me enseñaron a ser un mejor sacerdote y una mejor persona.

Por favor, no se olviden de rezar por mí y por esta nueva misión que la Iglesia me ha confiado. Yo también seguiré rezando por todos ustedes.

No quiero decir adiós, sino simplemente ¡hasta pronto! Gracias por recibirme, por cuidarme, por permitirme ser su pastor y, sobre todo, por tanto amor. ¡Los quiero muchísimo a todos! Con todo mi cariño, gratitud y bendición sacerdotal,

P. Vanderley Alves de Oliveira